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  • Foto del escritorGóspel Living Water

DE ESPECTADOR EN EL CONCIERTO DE ALCALÁ


Allá por el 89, cuando alguno de mis compañeros del MET me invitaba a acompañarle al servicio dominical en la comunidad de cualquiera que fuera su distrito del enorme Grand Manhattan, poco podía imaginar yo que, casi 20 años después, terminaría cambiando el papel de asombrado espectador por el de protagonista y que tendría la irrepetible fortuna de formar parte del proyecto de música gospel más importante de España.

Hace un par de días, el 30 de noviembre, vuelvo a ver a Living Water, por vigésima vez desde 2012, esta vez en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares. Y ocurre de nuevo: ya sea en un teatro, en un auditorio, en un espacio cultural o en un enclave histórico, Living Water se vuelve a llevar al público de calle y el concierto concluye con una interminable ovación. Han llegado al final de una ejecución emocionante y perfecta y están exhaustos. Pero siguen allí sonriendo, en pie sobre el escenario, mientras hacen entrega de los fondos recaudados esta noche al responsable del proyecto a favor de la sede local del Banco de Alimentos de Madrid y de la asociación APHISA. En pocos días, vuelven al Teatro Lope de Vega de Madrid para llevar su formato gran espectáculo a otros 2.000 espectadores. Entre medias, entrevistas y promos en radio, más conciertos, más ensayos. Ritmo y emoción en la vida y en la música.

Así es Living Water.

Durante cinco años fui tenor del Coro Gospel Living Water y, con ellos, canté en los mejores teatros y auditorios, hice programas de radio, grabé discos y directos, me estrené en el Auditorio Nacional, hice mi primera gira internacional como cantante y aprendí la verdadera importancia de la disciplina y del trabajo duro –pero duro de verdad– para que la magia de la música, tan simple a simple vista, se produzca sobre un escenario. Además, de remate, descubrí dos valiosas realidades que hasta entonces me habían sido desconocidas como cantante: la sana y necesaria humildad que implica pertenecer a un grupo en el que otras 99 voces son tan irrepetibles como la tuya propia y la indescriptible explosión de emociones que te levantan en vilo cuando compartes el momento de crear música con otras 99 voces sobre un escenario.

Hoy, en diciembre de 2014, la música me ha llevado por otros caminos y, al menos por el momento, no sigo compartiendo escenario con esa troupe de artistas fantásticos, compañeros y amigos con los que he vivido, literalmente, miles de momentos. Cuando llegué a Living Water, era  un proyecto recién nacido que aún titubeaba a pesar del gran éxito de sus primeros directos. En los cinco años siguientes, lo vi crecer desde dentro y fui testigo en primera línea de un asombroso proceso de profesionalización, trabajo incansable, crecimiento musical, genialidad artística y compromiso con una línea de trabajo y unos valores claros, concisos e inamovibles. Cuando me marché de Living Water, demasiado acostumbrado a las ovaciones, a los llenos absolutos y a los calendarios agotadores repletos de conciertos, creía que dejaba detrás la mejor generación del proyecto y que lo que nosotros habíamos hecho no se podría superar. Pero me equivocaba. Y mucho.


Desde 2012, sigo formando parte de Living Water, pero de otro modo. Me siento en el patio de butacas, disfruto del espectáculo y… me inflo de orgullo. Me encanta verlos en acción, ejecutando con una asombrosa perfección y una sutil sintonía enormemente poderosa, llevando de forma impecable al escenario el resultado de un trabajo casi inabarcable que ocurre en la trastienda y del que muy pocos son testigos. En los conciertos de Living Water, el espectador común, sin saber ni cómo ni por qué, se siente llevado por la fuerza indescriptible de su música. El espectador músico, inevitablemente, se pierde –absorto– en un trabajo armónico inexplicablemente único y sorprendente en el mundo del gospel hecho en España. La genialidad musical de Living Water está, sencillamente, a otro nivel. Y lo sé de buena tinta.  Porque he vivido muchos años en la cocina y he sido testigo de las largas sesiones de trabajo del equipo artístico, con Susana Fernández, Samuel Álvarez y Paul Gordon junto al resto del equipo arreglando o escribiendo temas, probando nuevas versiones y destilando armonías hasta lo imposible para lograr lo que hoy día se puede ver y escuchar en cualquier concierto de Living Water: un espectáculo de auténtico gospel que ha asombrado al propio circuito europeo y que podría escucharse en cualquier ámbito de la cultura gospel mundial. Y también lo sé de buena tinta, porque yo estaba allí.

La nueva generación de Living Water no es una simple renovación de cantantes. Esta nueva generación es un conglomerado de artistas con un asombroso talento y cada concierto es una lección magistral sobre el arte de hacer un gran espectáculo.

¿Y sobre el espectáculo de Living Water en 2014? Por destacar sólo lo mejor:

  1. Ride on King Jesus: sobrecogedor. Impresiona escuchar un a capella con semejante afinación y proyección sin apenas haberte quitado el abrigo.

  2. Total praise: un riguroso estreno que se lleva la emoción de calle. Conmovedor y, musicalmente, una auténtica y delicada preciosidad.

  3. Y … la segunda parte del espectáculo al completo: sencillamente, maravillosa. Una gospel session encadenada, de unos 45 minutos, llena de ritmo, de sorpresas vocales, de técnica gospel llevada al extremo, de voces compactas y vivas y de vibración interminable. Un ramo de solistas sobradísimos, como siempre, de calidad vocal que no escatiman ni un ápice de entrega, un track list tan variado como consciente de que lo mejor se guarda siempre para el final, una renovada y única versión de His eye is on the sparrow que no tiene comparación o My life, un tema que resume, en todos sus elementos, lo que es el gospel marca Living Water: auténtico, completo, complejo y repleto de matices.

Living Water siempre ha sabido lo que quiere y cómo conducirse hacia allí. Así ha sido y así continúa siendo. Hasta hoy.

El 22 de diciembre vuelvo a ver a Living Water en el Teatro Lope de Vega de Madrid. Porque, ante un aforo der 2.000 personas, todo es mejor, más grande, más espectáculo todavía.

@NachoAllorente

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